| El
sol de aquella mañana nos permitió
dormir mejor, una hora cada uno. Luego
comimos sin tener hambre, porque la
comida estaba preparada por días
y estábamos francamente cansados.
A las dos había rolado, ahora
soplaba desde el NOE y nos encontrábamos
en la posición N´32 06´
302´; OE´ 10´ 08´
535´. Podíamos volver
a navegar con el gennaker.
Y a las cinco de la tarde el viento
llegó a fuerza 4, con oleaje
de fuerte marejada. Se navegaba relativamente
bien, pero el cabo del gennaker se
nos rompió, y para cogerlo
nos las vimos y deseamos. Fue una
lástima, pues navegábamos
a 12 nudos.
Los problemas con el velamen, a medida
que se acercaba la puesta de sol,
fueron de otro cariz. Entonces soplaba
con fuerza 6 y nos vimos obligados
a tomar dos rizos, luego todavía
bajamos la mayor –en estas condiciones,
y de noche, preferimos la seguridad-.
El mar volvía a estar agitado
y la navegación se hizo incómoda.
Ahora soplaba del O y del N, y a ratos
del NE.
Sin novedad
Por el
cambio de las olas y la oscuridad,
perdimos el rumbo a menudo, navegamos
entre 180º, 210º, 240º,
270º. Cuanto más al sur
bajamos más larga se hacía
la noche, que duraba una hora más
que en aguas de Cádiz. El viento
a las cinco de la mañana se
redujo a 3-4 nudos y pudimos subir
un poco la mayor, pero el oleaje volvía
a molestar.
Atrás quedaba una noche mojada,
fría y sin dormir. Nuestra
situación de entonces –ocho
de la mañana- era: N ´30´
59´ 375´; OE 11´
34´ 099´. Llevábamos
una velocidad de 8-9 nudos. Hacía
96 horas de nuestra partida, cuatro
días de travesía. Soplaba
de nuevo, fuerza 3-4 y fuerte marejada.
A las dos del mediodía bajábamos
las olas a 14-15 nudos.
Por la tarde tuvimos que tomar un
rizo y luego otro a causa del viento,
que venía con rachas de 4-5
nudos. Faltaban 122 millas para llegar
y tendríamos que pasar otra
noche a bordo antes de arribar a Lanzarote.
Decidimos, por tanto, equiparnos en
espera de que llegara el frío
y la oscuridad. Con una visibilidad
nula tuvimos que utilizar la linterna
a medianoche; pero la luz acababa
por cansar y prestábamos nenos
atención al compás.
Al final descubrimos que habíamos
navegado a un rumbo de 180º y
no de 227º (¡en fin, cosas
que pasan!).
Se acabaron
los caprichos
Nuestra
última noche en alta mar no
fue menos agitada que lasa anteriores:
fuerza 5 y mar gruesa. Lo primero
que hicimos fue recoger la mayor porque
no queríamos ir tan rápido
en medio de la negra noche y con un
rumbo, posiblemente equivocado.
Al poco rato comprobamos que podía
ser peor: nos quedamos sin tabaco
y, por si fuera poco, un golpe de
mar se llevó de cubierta la
última botella de agua a las
cinco de la madrugada.
No amainó hasta las ocho, cuando
decidimos volver a izar la mayor y
aprovechar un viento de fuerza 3.
en el último día de
travesía nuestra vista estaba
tan agotada que nos costó fijar
el rumbo, además la visibilidad,
a falta de 45,7 millas, era escasa.
Las nubes impedían ver isla
alguna entre olas de dos a cuatro
metros y fuerza 2-4.
La duda se comenzó a apoderar
de nosotros a media mañana.
En teoría faltaban sólo
27,4 millas, pero todavía no
veíamos nada: “¿No
nos habremos equivocado con las coordenadas?”,
pensábamos. Y por fin, pasadas
las tres, vimos la isla Roque del
Este.
Durante dos horas navegamos al lado
de otras islas de Lanzarote. Y a las
17:34 h del martes 16 de junio entrábamos
en el Puerto de Arrecife. La travesía
había durado 5 días,
6 horas y 34 minutos; dos jornadas
más de lo previsto.
Amarramos el barco en el antiguo pantalán
de puerto, que todavía sigue
sin duchas ni servicios. Pero todo
nos daba igual: estábamos en
las Islas Canarias con su “hora
menos”. Nos merecíamos
un descanso y nos lo íbamos
a tomar.
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