| Sobre
las cinco de la mañana, y en
menos de una hora, la arbolada giró
dos veces el barco 180º, barriendo
la cubierta.
Estuvimos a punto de volcar en otras
dos ocasiones y decidimos cambiar
el rumbo: si al principio buscábamos
aguas más tranquilas en alta
mar, hacia el Oeste, ahora nos dirigiríamos
hacia las costas de Marruecos, al
Este.
Pensamos que en caso de vuelco la
corriente nos llevaría con
seguridad unas 600 millas más
lejos de las Islas Canarias. En la
otra dirección corríamos
el peligro de dejar las Islas Canarias
al Oeste.
Con este pensamiento preparamos un
bidón con agua y alimentos,
el GPS, cartas, los papeles del barco,
el pasaporte, etc., -por si acaso-.
A este bidón fijamos los cabos
de nuestras defensas para aumentar
la flotación. Desde las tres
del mediodía del jueves nos
encontrábamos completamente
calados, y no notamos el frío
debido a una preocupación más
inmediata: mantenernos a flote.
Cuando ya había amanecido,
sobre las ocho de la mañana,
un golpe de mar giró la embarcación
unos 180º; instantes después,
otro acabó de colocar al Trikala
en una posición paralela a
la dirección del oleaje.
Sólo el salto de Kathrin al
trampolín evitó el vuelco.
El viento y el mar amainaron, finalmente,
antes del mediodía. Habían
sido 15 horas de horror.
Esta nueva tranquilidad nos permitió
dormir en turnos de 30 minutos, mientras
navegábamos sólo con
el foque a fuerza 2. estábamos
en la posición N 34´
44´ 602´; OE 07´33´380´
a las dos de la tarde y el viento,
de momento, había cesado: de
nuevo recurríamos al motor.
Más tarde volvió a soplar
con fuerza 1-2, y para navegar, con
una fuerte marejada, usamos únicamente
el gennaker. Era el momento de tender
la ropa, que no se secaría
hasta el atardecer, cuando soplaba
una ligera brisa del norte.
La oscuridad de la noche se hizo total
a causa de las nubes y el viento continuaba
en fuerza 2 NOE. Era muy húmedo
y la poco ya volvíamos a estar
empapados. Por si fuera poco perdíamos
el rumbo a menudo, pues teníamos
que iluminar constantemente el compás
con la linterna.
Un poco
de paz
Persistía
el mismo tiempo y teníamos
frío. Tanto que era difícil
dormir una hora seguida. Más
cuando a las dos de la madrugada había
muchos pesqueros en nuestro entorno.
Nuestra posición había
bajado a las cinco a N 33´ 55´
924´, OE´ 08´ 04´
071´ y el viento subía
hasta fuerza 3, ahora dirección
N-NOE. Llevábamos 206 millas,
faltaban 470.
Por la mañana observamos tres
tiburones pequeños. No parecían
muy interesados en desayudarnos, tampoco
al Trikala. El poco aire que soplaba
nos obligó a navegar otra vez
a motor, a una velocidad de 2 nudos
para ahorrar gasolina. Las reservas
de combustible eran para 12 horas.
Nos acercamos a la costa de Marruecos,
a El Jadija; sin embargo, ceñimos
30º y nos alejamos. Era mejor
esquivar el riesgo de encontrarnos
con una patrullera del país.
A las cinco de la tarde cambiamos
el rumbo a 240º, ya no veríamos
más la costa hasta las Canarias.
Volvimos a tender de nuevo la ropa.
Tres horas después se levantó
el aire, con fuerza 3-4 y viento de
NE. Navegábamos a 8-9 nudos.
En ocasiones planeábamos entre
la marejada.
Las rachas cesaron sobre las once
y pusimos en marcha el motor; aunque
fuese poco a poco, nos acercábamos
a nuestra meta.Lo que faltaba, problemas
con el velamen
Aquella
madrugada atravesamos una zona con
mucho plancton.
A veces veíamos manchas fosforescentes
muy cerca del Trikala, y algunas llegaban
a los diez metros de diámetro.
Podrían haberse debido a los
peces, pero no sabíamos de
qué clase, y Kathrin comenzaba
a sentir un cierto temor hasta que
al final descubrimos que no se trataba
de un gran animal marino. Eran pequeños
peces que huían de nuestro
barco.
Las previsiones meteorológicas
de Cádiz se cumplían
parcialmente: a las ocho de la mañana
se levantó un viento de fuerza
tres por popa y no podíamos,
incluso, ni usar nuestro gennacker
asimétrico.
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